miércoles, 5 de octubre de 2016

RECUERDOS ESCOLARES DE MARINA FERNÁNDEZ SANTIAGO (101 años) SANTA EULALIA DE TÁBARA (Zamora)


(Francisco Trancón Pérez) (Doctor en Filosofía y Ciencias de la educación)
Marina Fernández nace hace 101 años en Santa Eulalia de Tábara.
Jovial, alegre, con un fino sentido del humor desgrana  retazos escolares de su estancia en la escuela de Moreruela de Tábara con una precisión matemática. Su discurso  coherente y  vívido transmite al oyente sus emociones, sus  experiencias de forma tan plástica que cuando habla da la sensación de haberse  detenido el tiempo.
Marina es una joven estudiante centenaria, alumna aventajada  que aún recorre las aulas buscando nuevos saberes, atesorando los recuerdos más entrañables de su vida escolar en su memoria y en su intimidad.
El aprendizaje escolar básico lo adquiere en las escuelas nacionales de su pueblo y posteriormente amplía su formación en el colegio de Moreruela de Tábara.
Este centro, según Isabel Cantón Mayo (1996) formaba parte de un ambicioso proyecto educativo que bajo el auspicio del patronato de la Fundación Sierra Pambley, fundó varias escuelas en Hospital de Órbigo (León), Villameca (León), Moreruela de Tábara (Zamora) , Villablino (León) y en la ciudad de León.
El ideario pedagógico de estas escuelas se basaba en las directrices de la Institución Libre de Enseñanza, con aportaciones de Gumersindo de Azcárate, Manuel Bartolomé  Cossío, Giner de los Ríos, etc.
La escuela de Moreruela de Tábara se fundó en el año de 1897.
El relato de Marina a través de esta entrevista discurre a partir de año de 1930, fecha en la que prosigue sus estudios en esta localidad.
Inicio la entrevista con esta pregunta
Te  acuerdas de cuando fuiste a la escuela de Moreruela de Tábara.  Esta pregunta le debió parecer  un tanto infantil, para una mujer como Marina dotada una envidiable memoria.
“Pues claro que me acuerdo, tenía catorce años y estuve allí dos años, tenía que haber estado otro más. Salí porque se casó una hermana mía y mi madre quería que me quedase en casa”
Marina enlaza estos recuerdos con otros, es una constante en sus respuestas. Indudablemente esta práctica enriquece el discurso y a pesar de ser contenidos diferentes, mantienen una coherencia estructural.
“Mi padre-comenta- era herrero y aprendió el oficio  con Gildo, en Villarrín de Campos, que tenía un hijo veterinario. Todos los años acudía a las fiestas del Cristo. Iba por la mañana y regresaba por la noche”
Recuerda que  en Villarrín existía un seminario de curas, le dije que no. En este pueblo en aquella época había  un colegio religioso regentado por los hermanos Marianistas.
Esta afirmación  que podría tener una excusa para verificar sus datos, se desveló que contenía algo más.
“Había un sacerdote que se llamaba Domingo Mateos, que era de Calzadilla de Tera, estuvo en Villarrín muchos años y después se vino  para aquí”
Continúa  diciendo que el colegio pasó momentos difíciles, que el sacerdote del pueblo y el médico denunciaron a la escuela y ésta  permaneció cerrada durante tres años. Le pregunté la causa y  responde  “que no iba de acuerdo con sus ideas, que si era laica y qué se yo qué otras historias”.
Según sus datos la escuela permaneció cerrada entre los años 1927-1930.
Su abuelo y otras personas acudieron al obispado de Astorga y a la sede de la Fundación Sierra Pambley,  solicitando la apertura del centro, que reanuda de nuevo su actividad académica.
“Vino D. Constantino Álvarez y después D. Amadeo Fuertes (mi maestro) y al final D. Felicísimo Fernández del Campillo que permaneció veintiocho años” (véase La Opinión de Zamora de 30/11/1914)
  ¿Quién te llevaba al colegio?
“Nadie íbamos andando, veníamos a comer y volvíamos por la tarde, hay un kilómetro de distancia”.
¿Cómo era la escuela?
“Una elegancia, preciosa, con muchas ventanas altas, en la pared de afuera hay una lápida de mármol blanco dedicada al fundador”
“Había una huerta enorme, un jardín. La clase tenía las ventanas muy altas, con una cocina que servía para calefacción. Alrededor de las paredes estaba la biblioteca, con muchas estanterías, llenas de libros. Todos los hombres grandes de España estaban allí”
“En una pared había una pizarra muy grande colgada y mapas de España y de todo el mundo”
“El piso era de pizarra y el tejado también”
“En la escuela estaba todo pago, cuadernos, cartapacios, tiralíneas”
“Siempre que paso por delante de la escuela me quedo mirando y me llena de alegría”
El patio de recreo tenía al fondo dos urinarios. Servía como huerto escolar y disponía de un pozo de agua bombeada con un motor eléctrico para uso de la escuela y de la vivienda del maestro que ocupaba la parte norte del edificio.
Cuenta aún con admiración el ensayo de un extintor de fuego que realizaron en el patio del colegio, así como un experimento en una probeta con alcohol.
Horario de clases
“Por la mañana de nueve a una y por la tarde de tres a cinco”.
“Los días de mal tiempo llevábamos la comida y la calentábamos en la cocina de clase.”
“Teníamos las mismas vacaciones que en la escuela nacional”.
Qué recuerdos tienes de tu maestro
Noto emoción y tristeza en su expresión, me siento intranquilo por haber formulado esta pregunta, tal vez le afecte y temo que esto le perjudique.
No fue así, sonriendo se dirige a mí con una expresión de alegría.
“A D. Amadeo le quería mucho. Era un señor orador, era un maestro de otra clase de maestros”.
“Era de Torrestío, un pueblo de las montañas de León. Todos los maestros eran de esas tierras ninguno zamorano”
“Muchas clases las daba al aire libre. Hicimos muchas excursiones, a los saltos de Ricobayo cuando se inauguraron, a Puente Quintos, al monasterio de Granja de Moreruela, Zamora la vieja…”
Acudió a su boda en Moreruela ya que se casó con una cuñada de su hermana. A los diez años le despidieron. Se trasladó como maestro interino a un pueblo cerca de Villalpando, permaneciendo un año .Después se colocó de contable en la central eléctrica de Aspariegos. Tuvo cuatro hijos. Perdió su pista hace muchos años.
Recuerdos de D. Paco (así llamaban en el pueblo al fundador)
Esta pregunta no estaba prevista en el cuestionario, ella me contó casi de forma confidencial una serie de aspectos relativos al fundador, que no vienen reflejados en ningún libro sobre la obra de Sierra Pambley.
Al parecer un hermano de D. Paco, allá en Hospital de Órbigo salió con un caballo, éste se espantó, derribó al jinete, falleciendo. Heredó las propiedades de D. Paco     un sobrino. Dos años después apareció un testamento en el cual se confirmaba que la herencia correspondía a la Fundación.
“Tenía una ganadería, muy grande en Requejo y Quintanilla, potril, ovejas, una yeguada elegante”
Recuerda que a las ovejas las llamaban merinas y  a los corderos borros.  El ganado practicaba la trashumancia hasta los pastos de las montañas de León.
“Cuando venía la vaquería de las montañas era una novedad, daba gusto ver tantos animales”
“Don Paco pasaba temporadas en una casa que tenía  para los guardeses que hay en Requejo”
“Don Paco a los de la Mata y el Raso les daba una hectárea de terreno para cultivar, era muy bueno. Murió en 1915”
Prestigio de la escuela
“Los de Santa Eulalia, Pozuelo  y  Moreruela se distinguían de la gente de otros pueblos que no sabían nada”, comenta Marina y reforzando esta opinión subraya “Cuando los de Santa Eulalia iban a Manganeses a moler el trigo, hacían las cuentas muy bien. Los de allí apenas sabían nada”.
“Toda mi familia, menos mi padres hemos ido a la escuela, mi marido, mis hermanos, mi suegro, mis hijos. Todos muy orgullosos”.


¿Qué hacías en la escuela?
Lecturas
Muchas cosas. No estudiamos por libros, sino por apuntes. El maestro nos explicaba la lección, la escribíamos y luego se la leíamos”.
Había unos libros básicos de lectura que eran el Conde Lucanor, Corazón de E. Amicis y Código moral.
“De la biblioteca podíamos sacar libros y llevarlos para casa, he leído muchos: Agustina de Aragón, Episodios Nacionales, Pizarro, Juana de Arco….”
“Las chicas cuando salíamos al recreo, nos dedicábamos a leer y cuando íbamos a casa, en el buen tiempo nos sentábamos en una pradera a leer”
Trabajos manuales
“Hicimos el pueblo español en cartulina. Figuras de barro, flores con hilos, qué se yo cuanto”
“No hacíamos labores de coser, pues el maestro no sabía”.
Materias de estudio
Fundamentalmente geografía, historia, ciencias naturales. Otras asignaturas como aritmética, lenguaje, etc. Hacían copias caligráficas.
La religión se ofrecía como materia optativa, pero nadie la elegía.
Exposiciones, teatro, recreos, condiciones de acceso, calificaciones etc.
Al final de curso hacían exposición de los trabajos escolares. Había representaciones de teatro, pero Marina no participaba, porque no le gustaba.
En los recreos los niños tenían turno distinto al de las niñas. Aunque convivían todos juntos en la misma clase, los pupitres estaban separados por sexo. El hecho de compartir la misma aula, constituyó un hecho insólito en aquella época.
Para entrar como alumno en el centro, se requería un examen previo de lectura, escritura, cálculo y conocimientos generales, respetando los números clausus asignados a cada municipio. La ratio era de 30 alumnos/aula.
Según Marina eran preferidos los niños de las Dehesas de Quintanilla, Pozuelo y Quintos. Aunque un poco complicado para trasladarse a Moreruela.
Al final de curso les entregaban a los alumnos las calificaciones Marina comenta “Sí, nos daban notas al final de curso, pero no servían para nada”. Quería  decir que no eran válidas o reconocidas oficialmente
Una travesura graciosa
Marina no habla de castigos al alumnado. El comportamiento de las niñas debía ser ejemplar, ni peleas, ni desorden, sólo estudio, obediencia. Me pregunto si realmente era así, alguna vez tenían que observar una conducta  revoltosa,  más escolar, ruidosa, con bromas típicas de su edad, aquella escuela se basaba en principios de libertad, alegría , actividad,  y esto se tiene que exteriorizar. 
Marina me sacó de dudas  contando  una travesura de niñas, con tal gracia y alegría que parecía disfrutar de los hechos como si hubieron ocurrido ayer
“Hacíamos nuestras averías. En  La huerta había una colmena y dijimos:
-¿por qué no la vamos a tirar? Fuimos y entres la tiraron.
Había una chica del molinero y con un palito me dio un trocito de miel. Un chico que estaba fuera nos vio y se lo dijo dueño. La que se armó.”
El dueño exigía el pago de la colmena porque al parecer se había roto.  Marina sostiene  que no la ha tirado, pero que sí probó la miel. El maestro se enteró de incidente, participó de las risas de las niñas, no dice que hubiera ningún tipo de castigo. Al final entre todas tuvieron que pagar la colmena.
Marina no cuenta la reacción de sus padres.

Compañeros del colegio
En esta parte de la entrevista Marina estaba más locuaz, emocionada por volver a recordar las camaradas de pupitre, con las que indudablemente compartió confidencias, alegrías, sinsabores, ilusiones. La nostalgia le invade, aunque sonríe, una constante en su carácter. No deja de pensar que de compañeras, solamente vive una de cien años (Araceli) que está en una residencia de Tábara.
Esto son  los nombres que me ha facilitado, tal vez  yo haya cometido algún error de transcripción


Santa Eulalia (niñas)
Nuria (la del molinero); Araceli (residencia de Tábara), Demetria, Maximina Guerrero y Marina Fernández
Santa  Eulalia (niños)
Vicente Fernández, Esteban Fincias. Eliseo y su hermano Elías.
Moreruela (niñas)
Celsa González,  Isabel Ferrero, Sarita Rojo, Catalina López y Pilar Martín.
Moreruela (niños)
Rodomiro Crespo (muerto en la contienda civil), Manuel Fernández, Isidoro y Lolo  (hijos del señor Andrés, fallecidos en la contienda civil) y Santiago Pozuelo.
 Pozuelo (niños)
Genuino López, Santiago Alonso Sepúlveda  y Ángel López
Final
La entrevista finaliza, siento que esto sea así. Escuchar a Marina es actualizar el pasado, recrear imágenes, sonidos, vivir una experiencia que ella ha sido capaz de transmitir y llenar de emoción una parcela entrañable de su dilatada vida para que en nuestra memoria perviva el regalo de sus recuerdos.
Como inspector de educación para mí hubiera sido un privilegio y un honor visitar el aula de las experiencias, el aula donde el alumno crea y el maestro observa, el aula donde Marina y sus compañeros aprendieron que lo más hermoso es aprender a vivir con los demás, a respetar y hacer felices a quienes te rodean.
El patio de los recreos, de las confidencias, fue un foro de  libertad en el que un  grupo de adolescentes escribió su experiencia escolar en el cuaderno de la vida, que  hoy Marina nos lo muestra para que los que hemos seguido su relato, sepamos valorar y comprender la gesta educativa de los  maestros y alumnos que llenaron de esplendor la escuela de Moreruela de Tábara.



Escuela de Moreruela de Tábara (Zamora)



Marina Fernández Santiago (1915)

Este trabajo ha sido publicado en el periódico  "La Opinión" (Zamora) el 11/10/2016


jueves, 18 de agosto de 2016

REFLEXIONES EN TORNO A LAS NORMAS DE URBANIDAD


(Francisco Trancón Pérez)  (doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación)


La práctica de las normas de urbanidad   en el pasado, constituían  un tratado de buenas formas y maneras, una guía de comportamiento en sociedad. Sin embargo, hoy se considera que este concepto es obsoleto, desfasado, que constituyen un conjunto de prescripciones inculcadas por determinados sectores religiosos y políticos, con la finalidad de adoctrinar a la infancia y de  crear una mentalidad sumisa y obediente en las niñas como futuras madres.
Ahora no se concibe esa práctica, no se tolera, ¿pero se debe obviar la importancia de la urbanidad como mejora de las relaciones entre las personas?
Las teorías más importantes de la filosofía política propugnan por recuperar el modelo griego de la polis, el de una sociedad más comunitaria. Entienden que los ciudadanos estén dispuestos a adquirir las virtudes o las cualidades necesarias para crear un clima de convivencia que les haga felices.
Para Aristóteles la finalidad única de los humanos era convertirse en un buen ciudadano. Erasmo de Roterdam, humanista, europeísta,  elabora pautas educativas relacionadas con la urbanidad que podemos leer en su obra moren civilytate puerilium
En un incompleto muestrario histórico señalo a  varios autores que  se han encargado del tema:   Escoiquiz (1899) en su obra Obligaciones del hombre, libro muy querido por Carandell que prologó una edición publicada por  Plaza& Janés  (1998) y otra de   la familia Cortés (de editorial Aguilar) publicada en el año 2000; Ezequiel Solana (1924), Pilar Pascual de San Juan, (1899), editorial Edelvives (1900), Carreño (1835); los maestros leoneses Antonio Matilla, Vicente Nieto (1920), etc.
Los manuales de buenas maneras tienen como objetivo, valiéndose de reglas, preceptos y recomendaciones regular la conducta y la afectividad individuales. Estos tratados inciden habitualmente sobre una serie de cuestiones: la satisfacción de necesidades fisiológicas, la compostura ante la comida en la mesa, el trato a los demás, la conversación o la vestimenta, enfocadas hacia el encuentro y el contacto público con otras personas.
Una publicación de la editorial Calleja de 1905, nos ilustra   sobre esta materia, intentando poner orden y jerarquía  entre términos de uso general: buena crianza, buena educación, cortesía, urbanidad, etc.
Indica el texto que la buena crianza se refiere al modo de comportarnos con nuestros semejantes y de ella se derivan como obligaciones la cortesía y la urbanidad. En cambio, la buena educación se refiere a uno mismo, ilustra la razón y perfecciona las costumbres a través de los impulsos de la atención y la política. La distinción me parece un tanto artificiosa.
La urbanidad ,como disciplina escolar, no ha sido considerada en sentido estricto, dentro de los planes de enseñanza, como una asignatura, sino más bien como una serie de recomendaciones o normas tratadas de forma trasversal  dentro del currículo escolar.
Tal vez la excepción la encontramos en el Plan general de primeras letras de 1825, en la que sí aparece integrada dentro del programa de enseñanza  como una dedicación de dos horas semanales.
Efectuando un recorrido a partir del siglo XX se observa que en el real decreto de 1901 se establecen materias en general, sin especificar la urbanidad;  el artículo 8º  de la Ley Primaria de 1945 indica que se fomentarán hábitos para la convivencia humana; en los Nuevos Cuestionarios de 1953 se dan unas orientaciones didácticas sobre urbanidad  con el título de Formación familiar y social, que no aportan nada nuevo, son una continuidad de lo establecido a finales del siglo XIX; sin embargo la Enciclopedia Álvarez dedica un apartado a la formación social de las niñas y otro a la formación nacional de los niños con contenidos copiados de otros manuales antiguos  o  de catecismos como el de Mazo.
En la ley general de educación de 1970 se establece el área de experiencias que dedica su atención tímidamente a la urbanidad. Pero en los estudios de Bachillerato, con relación a las alumnas,  aparece una asignatura denominada Convivencia social, texto editado por la Sección Femenina, con un contenido muy exhaustivo y riguroso sobre la urbanidad.
En el  Real Decreto 1513/2006, de 7 de diciembre por el que se establecen las enseñanzas mínimas para la Educación Primaria, con relación a la urbanidad,  se focaliza la atención sobre la  competencia social y ciudadana, que hace hincapié en saber vivir en sociedad, comprender la realidad social del mundo en que se vive y ejercer la ciudadanía democrática.
Se redescubren los valores en la educación  y algunos como los éticos, sociales, ecológicos, forman parte de los objetivos de la enseñanza en general.
Hoy la urbanidad ha superado los viejos presupuestos que servían de soporte para su realización. No colaborarán para identificar y, por tanto, a distinguir a los sujetos según su extracción social como nos recuerda Carmen Benso;  ya no existe esa dualidad que señalaba Pablo Montesino “una moral útil para el pueblo y otra  para la burguesía”, universalizando la urbanidad,  no son las gentes urbanas o “corteses” las que heredan esta concepción, sino que todos tienen acceso.
La urbanidad necesita una adaptación a nuestra época, a nuestra cultura. Nos indica  las consideraciones que debemos guardar con  los demás en las situaciones y casos que nos plantea la vida en sociedad y  curiosamente, una vez adquiridos estos hábitos, hace que nos sintamos más seguros, más felices.
Las normas de urbanidad no se encuentran en los códigos ni en las leyes, sin embargo, no se concibe una sociedad en la que no se respeten las formas y hábitos de convivencia y respeto.
El objeto de la urbanidad en la actualidad tiene un   campo de actuación muy amplio, a título orientativo propongo algunos.
En el colegio, señalando pautas básicas de convivencia .Es difícil encontrar a escolares que se disculpen, den las gracias, pidan perdón, respeten a los profesores, a sus padres,  etc. Posiblemente el acoso escolar se podría evitar en gran medida con la observación de estas normas.
En el cuidado a la naturaleza, mobiliario urbano, moderación y buenas formas en la circulación vial, en los espectáculos deportivos,  respeto a otras culturas, etc.
La administración va mejorando sus relaciones con los administrados, y con frecuencia nos sorprendemos gratamente con el trato amable que nos dispensan ciertos funcionarios.
La empresa en este sentido considera la práctica de normas de urbanidad como una inversión rentable. Sus empleados se están formando en relaciones sociales, para atender al cliente, prestarle ayuda, información, orientarle. Las azafatas de aviones, congresos, eventos, etc. son un ejemplo de amabilidad y trato exquisito.
En el ámbito político, donde precisamente se focaliza la atención del ciudadano con cierta intensidad, el espectáculo, en líneas generales, es decepcionante. La elegancia, el buen trato, la amabilidad, el respeto, factores elementales a observar en cualquier diálogo, no se prodigan.
Decía anteriormente que la observación de las buenas formas con los demás es considerada en la empresa con un factor de rendimiento económico. En cierta ocasión, asistí a una sesión de un congreso de Farmacia en Barcelona, en la que el tema era “Cómo mejorar las ventas, trato con el paciente”.
El ponente consideraba que el trato con el público debía ser atento, moderado, profesional y que la atención farmacéutica debía basarse en principios de cordialidad, dando muestras al paciente de no tener  prisa mientras se le atendía.
Habían observado que las farmacias cuyos empleados practicaban estas normas solían atraer más clientes que en otras cuyo trato con el público no era tan próximo.
Finalizaba que para llegar a estas conclusiones habían realizado un trabajo de investigación muy laborioso (la verdad es que no mostró ningún dato estadístico ni argumento científico).
No me pude contener ante tal asombrosa revelación y le dije (aún no sé, si obré bien)
-Lo que dice no es nada nuevo, nuestros antiguos lo tenían muy claro apelaban a este refrán: “más vale onza de trato que arroba de trabajo”




martes, 9 de agosto de 2016

LIBROS SOBRE TRATADOS DE URBANIDAD LEÍDOS EN LAS ESCUELAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX


(Francisco Trancón Pérez, Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, Inspector de Enseñanza)
Señalamos algunos de los más significativos de aquella época.

 Reglas de urbanidad y buena que convienes saber a todo hombre para saber vivir en sociedad

Ezequiel Solana. Editorial El Magisterio Español. Madrid, 1924



            Antecedentes al contenido de este libro lo podemos observar en el libro de Sabatier  “El amigo de los niños” (1892)
            El maestro Ezequiel Solana, prolífico escritor, nos dice en el prólogo de este libro que “a tal punto llega la importancia de la buena urbanidad que no pocas veces se confunde con la buena educación”.
Entiende que a todo el mundo interesa la buena urbanidad, en cuanto puede hacer la vida agradable y placentera.
Estima que es una obra necesaria en la educación escolar sobre todo “tratándose de las escuelas de niñas revisten una importancia mucho mayor, y ha de considerarse su enseñanza como imprescindible”.
El índice del libro registra estos capítulos:

Capítulo

          Tema

I
Urbanidad y su importancia
II
El aseo y la urbanidad
III
De los vestidos
IV
Actitudes y maneras
V
Del saludo
VI
Comidas y banquetes
VII
Del trato social
VIII
De las visitas
IX
De las conversaciones
X
Correspondencia epistolar
XI
De los viajes
XII
Bautizos, bodas y entierros
XIII
De la casa o vivienda
XIV
La modestia en el vivir
XV
Deberes recíprocos en sociedad


La estructura de cada capítulo es la siguiente:

Ø  Contenido de aspectos a tratar (título de cada capítulo)
Ø  Cuestionario sobre el contenido escrito
Ø  Fábula relacionada con el contenido
Ø  Vocabulario  de las palabras difíciles o poco conocidas.
Ø  Apartado especial dedicado a los niños.




Comentario sobre algunos aspectos

Las joyas.

Una joven debe llevar pocas o ninguna joya. El anular de su mano izquierda debe reservarlo exclusivamente para el anillo de boda.
            Entiende el autor que el gusto de una persona se revela más en la utilización de las joyas que  en el traje, si ha de llevarlas deben ser buenas, artísticas y usadas sin ostentaciones.
            El diseño para el hombre elegante es el siguiente: un anillo de boda o de recuerdo de familia; un alfiler de corbata artístico y valioso y una hermosa botonadura en los puños y pechera.

Algunas reglas con relación al saludo.

Para saludar, el hombre debe juntar rápidamente el talón izquierdo al derecho e inclinarse; la mujer debe saludar graciosamente, inclinando el busto y doblando un poco las piernas, para enderezar el cuello y adelantar el pecho.
            El superior es quien debe tender la mano al inferior; éste la debe estrechar afectuosamente a fin de mostrar el placer y el honor recibido.
            El hombre es quien ofrece la mano a una mujer , en el caso de encontrarla en la calle o en otro lugar, a menos que ésta no tenga superioridad por sus años o su jerarquía social.
            Una joven sola o acompañada, no debe detenerse en la calle a hablar con un hombre, salvo cuando éste sea muy conocido dentro del ámbito familiar.


La amabilidad en el trato

El autor critica a las personas que “son finas y amables en ciertas ocasiones, pero que se creen dispensadas del trato en otras”.
Aconseja que las personas  deben “mostrarse atentas con todo el mundo, esto es prueba de buena educación y de abrigar humanos y delicados sentimientos”
            Estima que tratar a las personas de inferior condición social con mucha ceremonia y seriedad acusa altanería, arrogancia y, en ocasiones, un vicio de educación, cuando no un carácter vulgar.
            Este proceder da origen a antipatías y resentimientos con sus funestas consecuencias.
            No obstante, recomienda que a los inferiores no debe tratárseles con demasiada familiaridad, absteniéndose de hacerles confidencias, guardando una respetable distancia,  apoya este argumento con el proverbio de que “no hay grande hombre para su ayuda de cámara”.

            Observaciones con relación a las tarjetas de visita

Transcribimos, por su singularidad, los mensajes que se podían  transmitir  a través de un código estricto sobre el uso de las tarjetas.
            “Una tarjeta doblada por el ángulo superior izquierdo indica despedida; doblado el ángulo superior derecho, visita; doblado el ángulo inferior derecho, felicitación; doblado el ángulo inferior derecho, pésame; doblados los dos ángulos superiores, comida; doblados los dos ángulos inferiores, baile; doblados los dos ángulos de la izquierda, boda; doblados los ángulos de la derecha, entierro; doblada la margen izquierda, recomendación; doblada la margen derecha, excusa.
            La tarjeta de luto riguroso, es negra; la de medio luto solo es negra la orla; la de alivio de luto lleva negro un filete estrecho o el ángulo superior izquierdo.” 



URBANIDAD PARA NIÑAS


Este libro es un tratado de urbanidad escrito por Pilar Pascual de San Juan (Barcelona, 1927). El destinatario son las niñas, aunque profundizando en el contenido se advierte que las más beneficiadas de su lectura son las jóvenes de una escala social bastante acomodada.
            La razón de estas observaciones las confirmamos leyendo el capítulo dedicado a las “Visitas”. Aquí se recomienda , refiriéndose a la utilización de tarjetas de visita, que “Toda persona que tiene algunas relaciones con la sociedad, debe proveerse de ellas ”. Aunque más adelante, matizando este asunto, indica que el “tarjeteo” solamente está admitido entre la aristocracia y la clase media, pues sirven únicamente las tarjetas para quienes tienen criadas con quién mandarlas.
            Otro apunte interesante, relacionado con el anterior, es que alude a las reuniones en las cuales “Es preciso suspender toda conversación al momento en que alguien se prepare a leer en voz alta, o recitar, cantar o tocar el piano u otro cualquier instrumento”.
            El libro está dividido en catorce capítulos y un resumen.
            Describe un amplio vademécum de normas, recomendaciones que debe observar la mujer desde su más tierna infancia hasta el matrimonio.
Estas observaciones suponen un amplio campo de actuaciones: el culto divino, la escuela, la limpieza, deberes para con los padres, los superiores, los iguales, los inferiores, urbanidad en la mesa, en las visitas, la correspondencia, etc.

La autora entiende que la urbanidad es “Un conjunto de reglas que debemos ajustar a nuestras acciones para hacer amable nuestro trato con la sociedad”.
Indica que la cortesía es más perfecta y esmerada que la urbanidad y el buen tono. Éste lo define como una cortesía convencional sujeta al capricho de la moda.
Sin agotar la temática del libro nos vamos a detener brevemente en El comportamiento de la niña en la escuela” y “En los deberes para con los padres”.
La niña, al iniciar la jornada, “Debe saludar a los directores y profesores, ocupar su lugar, sentarse con modestia, permanecer callada y ejercitar con esmero sus labores y demás trabajos, llevando bien estudiadas las lecciones”
En las relaciones con los propone, entre otras, estas pautas: “El saludo a los padres se debe hacer al verse por primera vez cada mañana, al despedirse para salir de casa, al regresar a ella, después de la comida y al acostarse por la noche; debe imprimir en su mano un respetuoso beso”.
El trato a los padres entre tú  o usted, no estaba muy definido, aunque la autora indica que se va imponiendo la costumbre de titear a los padres, ya que el pronombre “tú” es más cariñoso, sin que ello suponga, de parte de los menores, falta de atención y de respeto”.
La niña no debe replicar a sus padres cuando le manden alguna cosa, ni excusarse de hacerlo por ningún motivo.
No debe resaltar los paternales defectos “Antes disimularlos y con graciosa indulgencia, como esas plantas trepadoras que cubren con flores y follaje la ruda corteza del árbol en que se apoyan”.
El libro, obviamente,  refleja la tendencia de aquella época en modas, costumbres, ideología, que pretenden definir el ideal de una mujer instruida, que para la autora, acompañados de bondad y  el talento “Forman un conjunto bellísimo y sublime, que Dios mira con agrado y la sociedad ama, admira y respeta.”


CARTILLA MODERNA DE URBANIDAD. Editorial FTD, Barcelona 1932.

            La singularidad de esta cartilla, está precisamente en las ilustraciones, que son de dos tipos: representación general de una escena (grabado)  e historietas ilustradas (normalmente cuatro por cada página). Los dibujos van en color negro y rojo.

            El índice es el siguiente.

Capítulo
        Tema
I
De la buena educación
II
Del acto de levantarse y del aseo
III
La educación en la calle
IV
En el colegio
V
En la mesa
VI
En el juego
VII
En el paseo
VIII
En las visitas
IX
En los viajes
X
En el templo
XI
De la piedad
XII
De la caridad
XIII
De la docilidad
XIV
De la laboriosidad
XV
De la modestia


            El libro va dirigido a las niñas y presenta algunas semejanzas en cuanto a los temas abordados por el de Ezequiel Solana.

La estructura del libro observa la siguiente metodología:

Ø  Título del capítulo
Ø  Preguntas y respuestas acerca del contenido del capítulo
Ø  Comentario ilustrativo ( en forma anécdotas, historia, narración, cuento, etc.)
Ø  Viñetas ilustrativas y narrativas relativas al contenido del capítulo.

Algunos ejemplos sobre los diálogos iniciales de cada capítulo.

Capítulo IV, en el colegio.
1.     ¿Qué hace la niña bien educada al llegar al colegio?.
Va a saludar cariñosamente y con pocas palabras a la señora maestra.
2.    ¿ Cómo se porta en cuanto se da la señal de ir a clase?.
Suspende el juego y la conversación, y se encamina al aula en la forma que está mandado.
3.    ¿Cuál es la mayor obligación de la discípula?
Respetar y obedecer a la maestra.
4.    ¿Qué postura guarda en clase la niña bien educada?.
Ordinariamente está sentada sin cruzar las piernas o alargarlas desmesuradamente.

Finaliza el libro con unos pareados de Francisco Martínez de la Rosa, bajo el título “ Espejo de la niña”.



viernes, 8 de julio de 2016

MISIÓN PEDAGÓGICA EN EL VALLE DE FORNELA (León, 1935))


(Francisco Trancón Pérez)

Las Misiones Pedagógicas se crearon por decreto de 29 de mayo de 1931. Funcionaron  en calidad de Patronato dependiente del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.

            Las actuaciones fundamentales fueron:                                                  

ü  Fomento de la cultura  general. Se organizaron bibliotecas públicas y circulantes, en 1932 se crearon  (1881 bibliotecas); en 1933 (1970 bibliotecas) y en 1934 (1306 bibliotecas)

ü  Orientación pedagógica al profesorado

ü  Educación ciudadana ( se desarrolló muy poco).


De los objetivos señalados en el decreto de creación destacamos:

1º  Superar el abandono de los poderes públicos en lo que se relaciona con los estímulos culturales distintos de la "obra modesta de la escuela primaria".

2º Buscar nuevos cauces de llevar la cultura, al margen de las tradiciones burocráticas, con el profesorado a las gentes que habitan en localidades rurales.

            El presidente del Patronato y su inspirador fue Manuel Bartolomé Cossío. Otros miembros destacados fueron Óscar Esplá, Rodolfo Llopis, Antonio Machado, Pedro Salinas, Alejandro Casona, etc.

            Acaso sea ésta la realización política de la República que mejor reflejó la inspiración pedagógica de la Institución Libre de Enseñanza y responde, como confirma Tuñón de Lara, al "utopismo educativo tan arraigado en nuestras tradiciones culturales".
            A continuación se describe el funcionamiento de la  Misión Pedagógica realizada en el Valle de Fornela.

  
Misión pedagógica del Valle de Fornela (León)


Se realizó la Misión desde el día 26 de julio hasta el 4 de agosto de 1935. Formaron el equipo de misioneros los inspectores de  primera enseñanza D. Modesto Medina (Madrid) , D. Julián Sánchez Vázquez y D. Luis Vega ( León).
 
Lugar de la Misión

El Valle de Fornela se halla situado en el límite de la provincia de León con la parte occidental de Asturias. El pico de Miravalles se sitúa al norte de esta región y en el “Cuadro” nace una pequeña corriente que origina el río Cua que desemboca en el Sil.
            El terreno, en aquella época, se dedicaba en su mayor parte al cultivo de la patata y en menor proporción al maíz y al centeno.
             El relator de la Misión  indica que “la población agrupada en siete pueblos, cuyo origen han debido ser las “brañas”. Edificación sencilla, de tono gris; la cal apenas  se utiliza y en su lugar se emplea el barro pizarroso. Escasez de huecos en las viviendas y, unidas a éstas los establos y pajares. La cubierta de las casas, es, en su mayoría, de paja. Los pueblos dan sensación de pobreza y miseria, suciedad enorme y desconocimiento de los más elementales principios de higiene”.
            Describe a los habitantes como gente sencilla, “ y dentro del sexo femenino, incultos, atrasadísimos en todos los órdenes”.
            Los problemas mas acuciantes que señalan los misioneros y cuya solución debe ser urgente son éstos:

En el campo sanitario  se precisa un médico y un botiquín. “Hay que ir a buscar al médico a veinte kilómetros y otros tantos hay que recorrer (siempre por malos caminos) para ir a la farmacia. Piénsese que antes de poder dar al enfermo una medicina hay que hacer un recorrido de 80 kilómetros en caballería o a pie, si la época es favorable, pues la nevadas de invierno frecuentemente dejan incomunicados estos pueblos”.

En cuenta a las escuelas se quejan de que  “hoy  resulta imposible el tener maestros en esta región .No permanecen al frente de las escuelas más de días o meses, abandonándolas al no poder soportar las incomodidades de manutención, alojamiento y distancia a centros comunicados.
            Tampoco sienten los pueblos grandemente la necesidad de la escuela y esto tiene una lógica justificación: ¡ no comen ! Hay que proporcionarles antes que escuela despensa”.

            Los pueblos que recorrieron fueron Peranzanes, Guimara,Chano, Trascastro, Faro, Cariseda y Fresnedelo (último pueblo donde actuó la Misión).

            El trabajo de la Misión en cada una de las poblaciones citadas consistió en la realización de conferencias públicas sobre problemas de actualidad o de carácter científico o histórico. Audiciones de discos de canciones populares, música selecta,  proyecciones cinematográficas, etc.
            “Pero lo más interesante de la Misión –comenta el relator- lo que tiene verdadera eficacia, lo que es el nervio de estas actuaciones son los ratos de charla amigable con unos y otros, los paseos por el pueblo, los ratos pasados con ellos en la era, a la puerta de sus casas, conociendo cómo viven, sus trabajos, aconsejándoles en sus cuitas (que son muchas) , en cosas de higiene, de laboreo racional de sus tierras,... de mejoramiento poniéndoles de manifiesto cómo es la vida en otros pueblos más civilizados, con otros medios de comunicación”.
            Efectúa un análisis crítico de la situación de los pueblos visitados en estos términos “ Y después de este contacto con gentes que son de nuestro país, que son ciudadanos del mismo Estado que nosotros, la amargura terrible de apreciar cómo ellos no tienen nada que agradecerle a la Sociedad de la que forman parte y cómo es de grande la injusticia de consentir que sigan viviendo en aquel estado de abandono y pobreza”.